La pillería gana en La Cruz
Ayer le sonrió algo más que la fortuna al Langreo para llevarse los tres puntos de Ceares. Los gijoneses se dejaron la piel en el campo trasladando el partido a su intencionado escenario, una guerra de guerrillas, y bien pudieron llevarse el gato al agua. Pero el colegiado les sisó a los de Angulo su merecida recompensa, ya fuese en forma de victoria o de empate.
Daba el partido sus últimas exhalaciones cuando el guardameta azulgrana Calleja lanzaba la pelota fuera para que atendiesen a un compañero tendido en el suelo. Al poco, el también azulgrana Matías, con picardía, sacaba de banda como si la hubiese echado fuera el Ceares. La jugada, muy rápida, terminó en centro al área, donde Carly cabeceó en plancha para marcar. Y el árbitro, completamente carente de atención, dio el gol por válido. Cuando se enteró de que tenía que haber sacado el Ceares ya era demasiado tarde y el tanto había subido al marcador.
El desconcierto arbitral ya era total a esas alturas del partido. El Ceares jugaba con nueve y la lista de amarillas era interminable. Ciertamente el encuentro estuvo, aunque carente de criterio en el juego constructivo, rebosante de intensidad. Arrancó el Ceares muy enchufado, presionando arriba y asfixiando a base de casta a su rival. El Langreo caía con demasiada frecuencia en la guerra de guerrillas planteada por los gijoneses y apenas raseaba la pelota. Los pelotazos eran la tónica general. No había calidad ni tampoco demasiadas ocasiones, pero la tensión hacía vibrar al público. Villa tuvo la más clara para el Langreo, pero remató fuera un balón que recibió solo dentro del área, y Jimmy marró un mano a mano ante Calleja.
En la segunda mitad la intensidad se mantuvo, aunque, con algo más de cansancio, se abrió el partido y hubo más ocasiones. El cearista Edu tuvo que volar para despejar un centro de Matías que se envenenó y Calleja evitó el gol cearista por dos veces, al parar un disparo a bocajarro de Jimmy y tapar un mano a mano a Luengo. Después se calentaría el ambiente, iniciándose el carrusel de expulsiones, una para el Langreo y dos para el Ceares, y tomando el protagonismo el árbitro con la ya conocida historia del saque de banda más surrealista del mundo.